Más allá de la superficialidad

Mérida, Yucatán | 18 de enero de 2026.- El backstage no solo es una preparación, son muchas emociones, nervios, pláticas entre modelos, chisme con las maquillistas y un sinfín de risas. Es un espacio muy íntimo que tienen, un lugar donde todavía pueden ser ellas sin tener que aparentar algo.

Daniella Arjona y Romina Alfeo son dos chicas que, más allá del modelaje, tienen una vida detrás, llena de experiencias, metas, logros, aprendizajes y retos.

Daniella es una chica yucateca de 21 años apasionada de la moda. A diciembre de 2025 se encuentra finalizando su quinto semestre de la Licenciatura en Diseño de Moda e Innovación en la Anáhuac Mayab, la cual combina con su incursión en el modelaje; si bien este último no era parte de su proyecto de vida, un “empujón” que le dio su mamá definió su destino.

Sentada en lo que es su taller, un espacio habilitado dentro de su casa para hacer realidad sus diseños, es donde Daniella recuerda cómo inició en el mundo del modelaje a los 13 años. Valladolid fue el punto de partida de su historia en este mundo, sin proponérselo, porque era muy tímida. Una vez se encontraba acompañando a su mamá en su trabajo, en un evento organizado por el ayuntamiento, donde había varios puestos de huipiles, y le pidieron participar en la pasarela para modelar sus diseños, a lo que se negó y se refugió en la oficina de su mamá, pero no contaba con que ella le llegaría con la sorpresa de que iba a modelar. En ese momento le molestó mucho esa decisión; no obstante, al subir a la tarima se dio cuenta de que le gustaba y los nervios que tenía desaparecieron, naciendo el gusto por el modelaje.

Tiempo después empezó a capacitarse tomando un curso de modelaje, lo que la llevaría a conocer un backstage, alimentando así más este gusto por la moda. Ya instaladas en Mérida, tomó más cursos relacionados con la moda, participó en sesiones de fotos y pasarelas, reafirmando de esta manera el amor que le tiene a este mundo.

Ser diseñadora de modas ahora es un sueño que está en proceso de construcción, y parte importante para lograrlo fue la transformación que tuvo el lugar que ahora se convirtió en su taller. Ese espacio donde Daniella da vida a sus ideas en prendas, construyendo su futuro poco a poco.

Ahí destaca una hermosa máquina de coser, pero no es cualquiera: tiene una historia que se sigue hilvanando, un sentimiento y un recuerdo que siempre estará ahí, ya que esta máquina de coser era de su abuela; el gusto se heredó.

En una ocasión, como a los 15 años, luego de ver un reality de diseñadores, con toda la inspiración y entusiasmo que habían despertado en ella, sola, sin tener idea de su manejo, tomó la máquina y empezó a costurar y, de repente, la máquina se trabó. Espantada por lo que acababa de suceder y pensando lo peor, se puso a llorar. Cuando su abuela llegó, con todo el temor, le platicó lo sucedido y su abuela, con toda calma y una tierna risa, le dijo que no había pasado nada, que la máquina no estaba rota, solo con el hilo atorado y que tenía solución, mostrando comprensión y orgullo por el gusto que había despertado en ella.

Recordó que de niña permanecía sentada en ese banco junto a su abuela, observando cada movimiento que hacía, cada risa y experiencia compartida; ahora los papeles cambiaron y es su abuela quien la observa hacer lo que más ama: la moda. Además de esto, Daniella también disfruta de la fotografía y le ayuda a su mamá tomando fotos para el medio de comunicación que tiene, donde le ha apoyado en la cobertura de eventos deportivos, pasarelas y eventos sociales.

Romina es una chica yucateca de 20 años, de familia tabasqueña de parte de su papá y familia yucateca e italiana de parte de su mamá, quien se dedicaba al modelaje, así que ya trae en la sangre ser parte de este mundo. Desde muy pequeña, a los tres años, estuvo en una campaña de ropa de bebé y así fue creciendo, participando en comerciales, pasarelas y sesiones de fotos. Gracias a su mamá se fue desarrollando en el modelaje y, con su guía y acompañamiento, fue aprendiendo sobre el arte del modelar, esperando llegar algún día a nivel profesional.

Al salir a la pasarela da presencia en el lugar. Es una chica con una personalidad muy alegre, tierna, graciosa, pero con mucho carácter, lo cual demuestra en sus actividades multifacéticas que la mantienen en constante conocimiento de distintas cosas que la rodean. Ha incursionado en varios deportes; de los más importantes en su vida han sido la gimnasia rítmica de alto rendimiento, el kickboxing y el gimnasio.

Si bien durante muchos años el modelaje ha sido parte de su vida, pues su mamá tiene una agencia de modelos, su pasión son los animales, por lo que en diciembre de 2025 se encuentra finalizando su quinto semestre de la carrera de Veterinaria en la UADY, y es a lo que se quiere dedicar en un futuro, posiblemente trabajando fuera del país.

Romina tiene días diversificados entre sus pasiones. Así como puede iniciar yendo a la veterinaria para hacer sus prácticas o a un rancho por parte de la universidad, también puede continuar con una jornada de gimnasio y box, y concluirla con una pasarela. Esta combinación del modelaje, su carrera y el kickboxing es algo muy particular: cómo algo tan fino y en ciertos aspectos delicado se combina con un deporte de impacto, golpes, moretones, así como atender mascotas o animales de rancho.

Daniella y Romina son alguien detrás de esa figura de modelo que todos ven; son personas que luchan por destacar, por dejar su huella, que no son un objeto, sino que tienen sentimientos. Quienes, a pesar de su corta vida, cuentan con logros, hobbies, metas y un núcleo en casa que las ha impulsado a lograr sus objetivos.

En el mundo del modelaje no todo es de color rosa, existen muchos retos y problemas. Actualmente, uno de los retos es que algunos diseñadores o marcas prefieren contratar a ‘influencers’ que en muchas de las ocasiones no cuentan con la experiencia de haber modelado; sin embargo, los eligen por su alcance en las redes sociales. También existen proyectos que buscan aprovecharse de las modelos en el sentido económico, bajo el argumento de no ser remunerado, aunque de forma secreta sí les pagan a algunas, lo que les parece injusto.

También han tenido que enfrentar que la gente no respete los límites, como fotógrafos que entran durante cambios de vestuario, estando semidesnudas, haciéndolas sentir incómodas por no respetar esa privacidad, lo que las obliga a ocultarse con lo que puedan para no salir en la foto.

Pareciera que al salir con el vestuario a la pasarela todo fue perfectamente planeado, aunque en realidad hay muchas cosas que se tienen que resolver en el momento, pues a veces los diseñadores no hacen las correcciones de vestuario y terminan complicando la caminata en la pasarela, estando más al pendiente de otros aspectos que de exhibir con gusto la prenda.

Si bien es sabido que en el mundo del modelaje el tema del peso se sigue viendo marcado en varios castings, lo cierto es que la estatura es lo primordial para quedar seleccionado.

Ellas son dos jóvenes mujeres que están luchando por sus sueños, por salir adelante en el modelaje, demostrando que son más que una cara bonita, que cumplen con los estereotipos de ese mundo. Con esta historia se busca resignificar a las modelos, mostrar esa otra cara que pocos ven y conocen, lo que para ellas resultó sorpresivo de alguna manera, al decir:
‘Nadie se había preocupado tanto por quién era yo y no por la modelo que todos ven’.

Fotos y texto por Azul Ruiz

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